Asistencia de Reinier y gol de Rodrygo, que por una doble amarilla no jugará el clásico


Poca samba, pero mucha sustancia. El Real Madrid Castilla no bailó contra al colista UD Sanse, contentándose de las jugadas decisivas de sus brasileños. Reinier debutó y asistió el primer gol de Fidalgo, mientras Rodrygo cerró el marcador para el 2-0 final. Sin embargo, una roja sobre el final no le permitirá jugar el clásico del equipo A.

Con tanta calidad a disposición, Raúl cayó en la tentación de alinear un equipo híperofensivo. Dibujó un 4-1-4-1 en el que Reinier y Rodrygo tenían libertad de inventar entre el centro y la banda izquierda, con el nuevo fichaje que fue el que más actuó de enganche entre los dos. Completaban el reparto ofensivo Fidalgo, Baeza y el delantero centro Marc Gual. El Sanse, en cambio, aparcó el bus: 5-4-1 y ojalá termine pronto.

El 4-1-4-1 de los de Raúl (Foto: Antonio Cefalù)

Los de Raúl dedicaron el primer tiempo a las presentaciones, a conocerse entre sí y dentro de un nuevo esquema. La primera parte fluyó lenta, con Fidalgo que tomaba el mando de las operaciones, pero con poca convicción, y con los demás que trataban de desarrollar jugadas individuales, pero al servicio del equipo. 

Poco a poco, los madridistas se fueron soltando. Creció, sobre todo, Rodrygo, quien arrastró a los suyos con la fuerza de su experiencia. Los blancos ganaron rapidez y Blanco mandó un disparo al travesaño en situación de córner (29’). Reinier dormitó, inocuo, por un buen rato. Cuando parecía demasiado temprano para exigirle una jugada resolutiva, sirvió una anticlimática asistencia de taco a Fidalgo, tras que Rodrygo le había regalado un jugoso balón en el centro del área. 1-0 en el minuto 40, un rico caramelo para saborear antes de bajar al vestuario. 

El partido de Reinier (más allá de la asistencia, comprensiblemente anónimo) terminó en el 65’, cuando salió para que saltase a la cancha Ayoub. Con el 8 Raúl buscó mayor equilibrio, ya que los blancos asumieron mucho más los rasgos de un 4-3-3. Por otro lado, su homologo Josico trató de darle un matiz más ofensivo a los suyos a través de los cambios. Revolucionó al equipo, pero sin resultados revolucionarios: el Sanse llegó más que antes al aérea (y esto no era complejo), pero sin demasiada peligrosidad.

El partido se fue consumiendo con el Sanse buscando la fortuna en el campo del Madrid, y el Castilla esperando la ocasión justa en el contragolpe. Esta llegó en el tercer tentativo, cuando Rodrygo culminó una larga carrera por la izquierda con una definición al primer palo. 2-0. Poca samba, pero mucha sustancia. Y buenas indicaciones para el futuro, tanto para Zidane como para Raúl.

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