Desde cuando el COVID19 impuso un freno al fútbol, los clubes han manifestado problemas económicos. Pero, ¿es necesariamente un problema?


El mundo del fútbol se paró y, con ello, el enorme flujo de dinero que generaba. Esto claramente está jugando en contra de muchísimas propiedades, cuyos enormes gastos chocaron con la dura realidad de un presente que no permite generar ingresos. Por ello, muchos clubes están pactando una reducción de los salarios con sus jugadores. El último en las noticias ha sido el Barcelona, con Leo Messi que comunicó a través de sus redes sociales que se está trabajando sobre un acuerdo para reducir los sueldos de un 70%. En Alemania, los jugadores del Bayern de Múnich redujeron voluntariamente sus pagos del 20%. En Italia, los de la Juventus aceptaron suspenderlos.

Sin embargo, la falta de ingresos no es la única amenaza para los estados financieros de los clubes. En efecto, según el CIES, Centro Internacional Estudios Deportivos, las mejores ligas europeas sufrirán, en promedio, una reducción del 30% en el valor de sus jugadores, el bien más valioso para la mayoría de los clubes, si no van a reanudarse las competiciones antes del 30 de junio. Un escenario muy difícil de cumplirse, aunque algunos propusieron medidas tan extremas como desesperadas para salvar la temporada, como montar concentraciones de dos meses para que los jugadores no tengan contacto humano más allá de los partidos.

Si no se volverá a las canchas muy pronto, por lo tanto, los equipos tendrán un enorme problema a medio-largo plazo. Si bien muchos aficionados del fútbol de tiempos pasados estarán muy contentos con saber que la burbuja inflacionista del valor de los jugadores podría explotar, esta no es una buena noticia para nadie. El problema más evidente es matemático: si ayer lo que tenía en mi bolsillo valía x y lo que tengo hoy, sin haber cobrado ni pagado por nada, vale x-30% tengo menos dinero, pero las mismas obligaciones de gastos de siempre.

Luego hay una cuestión sistémica. Todo el fútbol europeo de élite tiene que hacer cuentas con la UEFA y su Fair Play Financiero, un sistema de control de las finanzas de los clubes fuertemente vinculado a la generación de plusvalías. Y acá vuelve nuestra matemática: ¿cómo puedo generar plusvalías con facilidad si el jugador que compré en el último mercado por 100 millones hoy vale 70? Y si no genero plusvalías, ¿cómo haré para cumplir con las restricciones económicas que pone la UEFA para participar a sus competiciones? 

Pero, tal vez, como cada crisis esta podría esconder una oportunidad. El tan criticado Fair Play, que todavía parecía lejos de cambiar sus pilares, podría efectivamente haber llegado a sus últimos alientos en la forma en la que lo conocemos. Porque, sin plusvalías, la economía del fútbol tal como es ahora no tiene futuro. Ha de esperarse, entonces, que sea el propio sistema el que dará el empujón hacia unas constricciones financieras más equitativas y menos enfocadas en generar valor a través de las ventas de futbolistas (que, en ciertos casos, se estaban transformando en ejercicios de finanza creativa, hechas con el solo objetivo de inflar balances). Al fin y al cabo, no hay mal que para bien no venga, ¿no?

Antonio Cefalù

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