Desconocido por muchos, el River Plate de los años 40  fue uno de los equipos que inventaron la modernidad 

“¿De qué está hecha la pelota?”

–  De cuero

“¿Y de dónde viene el cuero?”

– De la vaca

“¿Y qué come la vaca?

– Pasto

“Entonces, la pelota siempre al piso”

Este era el acertijo con el que se medían los joven futbolistas, entre ellos Alfredo Di Stéfano, que en los años 40 vestían la mítica camiseta blanca con la banda diagonal roja. Porque, como decía Néstor Pipo Rossi, eje del centro del campo de aquel River Plate, a los pibes que se atrevían a tirar pelotazos largos durante los entrenamientos, “quien trata mal la pelota se convierte en una mala persona en la vida”.

Tan lejos y aun así tan cerca. Es difícil de entender cómo el River Plate de los años ’40 sea tan desconocido por la mayoría del público futbolístico mundial. Porque aquel equipo, apodado “la Máquina” por su capacidad de destrozar a cada adversario, dibujó decenas de años antes ese fútbol total con el que se hizo famosa la escuela holandesa. Muchos de los principios de juego aplicados en las orillas del río de la Plata representan, de hecho, algunas de las cosas que nosotros, hoy, llamamos modernidad.

“La Máquina de River fue un invento de doña Rosa, la mamá de Adolfo Pedernera”, resumió una vez Carlos Peucelle. Pedernera fue estrella, cerebro y fantasía de los millonarios, además de haber sido uno de los primeros “9” falsos de la historia del juego. “El equipo se formó mágicamente – dijo él – era una pieza que se unía a otra perfectamente congruente”. Los movimientos con y sin pelota nacían casi espontáneamente: ocupar una zona o dejarla libre para que alguien llegara de sorpresa. “Éramos unos iluminados del juego, todos con una comprensión total de lo que pasaba en la cancha, parecía que teníamos un guion en la mano”.

 

 
 
 
 
 
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A los que preguntaban con qué esquema jugasen, Pedernera respondía “1-10: todos atacan y todos defienden”. Totaalvoetbal ante litteram, en salsa criolla. En realidad, el equipo entrenado por Renato Cesarini se disponía en el terreno de juego con un 2-3-5. Aquellos cinco allí adelante se conocían como “los caballeros de la angustia”: eran Juan Carlos Muñoz, Manuel Moreno, Ángel Labruna, Félix Loustau y el propio Pedernera.

¿A qué se debe ese nombre? “Salíamos a la cancha y nuestra táctica era clara: agarrar la pelota, tocarla, meter una gambeta, esto, lo otro y el gol caía sólo. Generalmente tardaba en llegar y la angustia era porque los partidos nunca podíamos definirlos pronto. Dentro del área claro que queríamos hacer el gol, pero en el medio nos divertíamos, si nadie nos apuraba”. Lo explicó así Juan Carlos Muñoz, uno que, si hubiese tenido mejor capacidad de síntesis, hubiese simplemente contestado: “porque éramos tremendamente superiores”.

En una década de fútbol total, la Máquina ganó diez títulos, pero, sobre todo, el honor de ser uno de los mejores equipos de la historia del juego, según los que tuvieron el privilegio de verla en acción. Sin lugar a duda, aquel River Plate marcó un antes y un después en el fútbol argentino, pero no siempre se puede obtener la fama que se merece.

Antonio Cefalù

 

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